Entry: CAPÍTULO 20 Friday, July 22, 2005



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Al abalanzarse sobre D'oh, este último se cagó en los pantalones, y el de las pizzas al percibir este olor insoportable se puso mas furioso si cabe.

- A ver, quieto todo el mundo. Las chicas que se pongan a la derecha.

- Huh, creo que te confundió con un chica, jajaja.

- No, creo que es tu puta madre que me debe de estar comiendo el culo...

- No te pongas así Huh, era una broma.

- A ver, ¿dónde tenéis todo el dinero?

- No tenemos dinero, somos pobres...

- Me he enterado de que robasteis el Caja Madrid, así que no me vengáis con tonterías...

- Este hijoputa lo sabe todo, Shad, llévale donde el dinero.

Le llevo a una sala enorme, donde el dinero rebosaba por doquier...

- Si es que somos subnormales, mira que guardar el dinero en la sala de cristal que da a la calle...

- Claro cabrones hijoputas, ¡si no cómo lo iba yo a saber!

- Anda que...

- Bueno, a ver que va a pasar...

- Ah, perdone señor ladrón. Tome nuestro dinero.

Se llevó unas cuantas bolsas y les dejó pelaos.

- No estamos del todo pobres...

- ¿Por qué dices eso D'oh?

- Bueno, pensé que no os daríais cuenta...

- ¿Qué pasa?

- Me guardé unos cuantos eurillos en los calzoncillos de mi cómoda...

- ¡Bien! ¡Lo hiciste pensando en nosotros!

- ¿Eh?... Ah sí, claro claro, por vosotros...

Estuvieron horas contando el dinero que les quedaba, y llegaron a una conclusión:

- Bien, tenemos trescientosmil euros.

- Hay que administrarlo bien o nos quedaremos sin un chavo.

- Sí, debemos racionarlo y que cada unos se quede con su parte.

Lo racionaron. Tarea ardua y difícil, ya que ninguno sabia dividir. Tuvieron que llamar a un vecino que dividiera la suma a cambio de dinero. Al final, con ciento ochentamil euros divididos por tres, se quedaron con sesentamil cada uno.

- ¡Bien! ¡Soy rico! - dijo el vecino.

- Bueno, vete ya a tu puta casa.

- ¡A mi casa, no! ¡A las Maldivas!

Al rato, vieron salir corriendo al hombre medio calvo en albornoz de rosas, y en alpargatas, con su parche en el ojo, subiendo en un Ferrari con una cacho de rubia que flipas.

Al rato, vieron salir a una señora de la casa del vecino, medio calva, en albornoz de rosas, y en alpargatas, con su parche en el ojo, corriendo detrás del Ferrari gritando:

- ¡¡Rodolfoooo!! ¡¡Que me tienes que limar los cayos!!

- Que barrio tan raro... - exclamó Huh.

- ¡¡AAAAAAAHHHHHHHHH!!

- ¡¡¿Qué?!!

Vieron a Shad señalando a la pared muy asustado.

- ¿Qué te pasa Shad?

Al rato descubrieron por qué tenía miedo, en la pared estaba escrito con sangre humana: D'oh es homosexual, no os acerqueis a él.

- ¡No! E-so-so-so-sobisón son son, quiero bailar, sobisón son son, quiero bailar.

Nadie sabe por qué hizo eso, pero mientras cantaba, bailaba con un ritmo muy pegadizo, que hizo que D'oh y Huh le siguieran con unas faldas hawaianas.

- ¡No! ¡Eso no! ¡Lo de al lado! - gritó Shad.

- ¡Dios mío! Ahí pone... sí hombre... pone... esperad que me ponga las gafas de leer... ¡Ya! Pone: "Mañana hará una semana desde que visteis el vídeo. Moriréis."

- Ah bueno, ahora me quedo mucho más tranquilo. Lo que ponía sobre D'oh era mucho peor.

- Sí.

Mojón Cabrón salió del baño diciendo:

- Perdonad chicos, estaba cagando.

Pero al ver el mensaje...:

- ¡Mierda! ¡Me viene el apretón otra vez!

Huh salió corriendo y se dio contra la pared.

Recuperado Huh, pudieron idear un plan para que el asesino no les pillase.

Mojón Cabrón salió por fin del baño diciendo:

- Joder, si es que me doy asco hasta a mi mismo.

- Tío, ahora habrá que llamar al fontanero pa desatascar toda esa mierda.

Se acomodaron todos en los sofás, y D'oh dijo:

- Bien chicolinos, según los mensajes y eso, mañana va a venir un asesino loco a matarnos.

- Tenemos que actuar.

- ¿Alguna idea?

- Yo creo que deberíamos irnos del país.

- Cojonudo, vámonos a… ¡¡Okinawa!! - dijo Huh.

- Diox, que pesado con esa mierda. ¡Ups! Perdona Mojón.

- Nah, tranquilo, no pasa na.

- ¡Hey! Mi abuela tiene una casa en Matalachocha de Abajo, podíamos pasar allí unos días - dijo Huh.

- Cojonudo, es dentro de España, pero por lo menos no nos gastamos ni un chel.

- Lo dicho, vamos pa allá.

El tren llegó a Matalachocha a la una de la mañana.

- Güeno, venid por aquí - dijo Huh -, la casa de mi abuela está por aquí.

- Oye, una cosa, ¿tu abuela no pondrá pegas? Recuerda que el hijoputa este huele que echa pa tras…

- No te preocupes, ella estará encantada.

- Bueno, bueno.

"PPPRREEEEEET".

- ¡¡¡AAAAAAAAARRRGGG!! ¡¡¿Quién se ha cagao?!! ¡¡ME MUERO!!

D'oh, Huh y Shad agonizaban en el suelo, y Mojón Cabrón se sonrojó.

- Perdonar chicos, pero es que estoy pachuchillo de la tripa.

Llegaron a la puerta de la casa de la abuela de Huh.

- ¡Diox! ¡¡Pero si esto es un palacio!!

- Juas, mi abuela, que tiene sus negocios.

Llamaron a la puerta y abrió lo que parecía ser un mayordomo.

- Hola, soy el Mayor Domo, ¿qué desean?

- Hola tío - dijo Huh -, ¿está por ahí el Menor Domo? Necesito hablar con él.

- Claro señor, un momento.

La puerta se cerró, y tras unos segundos, se volvió a abrir.

- Hola, soy el Menor Dom… ¡¡Huh!! ¿Qué te trae por aquí?

- Po ya ves, que yo y mis amigos hemos decidido pasar unos días con la abuela.

- Venga, pasar, ya verás que contenta se va a poner doña Rubidia.

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